en
Me pregunto por qué diciembre
decidió elegirte entre la muchedumbre,
sacarte a bailar bajo la lluvia.
Yo vestía aquel traje de luces
con las bombillas ya fundidas,
y un trineo de peces de colores,
buscando sin descanso la pecera.
Tú,
sin pretenderlo,
escribías poesía con tu falda,
que volaba labio a labio en la escalera
del Corte Inglés de la calle Preciados.

Y allí,
un diciembre en la Cibeles,
un Alcalá mirando a un cielo ennegrecido,
tratamos de besarnos las espaldas
y acabamos cenando pasta y pizza.

Desde entonces,
a pesar de los eclipses y las multas,
seguimos a los hombros de gigantes,
diciendo que Madrid
es
un
comienzo.

El final
te lo escribo
entre tus piernas.