Sociedad indisoluble

El caso de la rubia platino, Leiva

¡Deprisa, deprisa! ¡Nos vamos ya!– Jafar entró como una tromba en los aposentos de Sonriza, sin pedir perdón ni permiso. Sonriza dormía como solía, y lo miró incrédula, despeinada y casi sin poder abrir los ojos.

¡Jafar! ¿Qué tripa se te ha roto ahora?– Sonriza buscaba a tientas el orinal para lanzárselo a la cabeza, pero en su lugar encontró un calcetín usado escondido bajo la cama.

¿Éstas son maneras de entrar en el cuarto de una dama? ¿Y si no hubiera llevado ropa, o hubiera estado menos presentable?– Inmediatamente, se metió tras un biombo de motivos chinos, enviado como premio por el Reino de China por enseñarles a sumar sin los dedos, y comenzó a quitarse el pijama de felpa y a ponerse el chándal de arreglar.

¡Alteza, he tenido en esta vida visiones espeluznantes, creo que podría soportar esas horribles visiones a las que os referís, pero han llegado noticias.– Jafar seguía excitado.

¡Nos han aprobado el proyecto! Tenemos un calendario que cumplir, y ya llegamos tarde. ¡Hay que justificarlo todo a finales de noviembre!– gritó Jafar. A Sonriza le parecía que revivía un día de la marmota de su pasado.

Pero, ¿qué proyecto has pedido? Yo no recuerdo firmar nada.– le replicó Sonriza.

Sí. Esto…– Jafar empezó a bailar un chotis sobre una baldosa, mientras Sonriza salió arreglándose la peineta, estilo Martirio. –Pedí un proyecto en tu nombre para formar un equipo de investigación de cuentos. Lo firmó una de tus gallinas porque tú habías salido ese día y se acababa el plazo. ¡Siempre lo dejo para el último día! Pero esta vez me lo han… digo, nos lo han dado. ¡Somos detectives de cuentos!

A Sonriza le cayó la mandíbula a la altura de las tetas del ombligo. ¿Esto es un cuento de hadas o una aventura de locos? Pero, ¿qué clase de disparate era ese? Si Sonriza sólo quería un poco de paz.

Jafar continuó:

Vamos con el siguiente paso, que tenemos pasta gansa. Fíate de mí, que sé lo que me hago. No me han llamado la atención más que un par de veces. Tres, a lo sumo.

Sonriza se tiró en la cama y pensó si la cuerda de la cortina aguantaría el peso de un cuerpo. Y entre el suicidio y el asesinato, prefería pasar una temporada en las mazmorras del reino. Le echó tal mirada a Jafar que se metió dentro del armario, a esperar que pasara la tormenta.

(Continuará)