Una actuación memorable

Cuando te muerdes el labio, Leiva y Daniella Spalla

Se instalaron en el camerino que les asignaron. La ópera se celebraba en el mismo coliseo, y acababan de dejar un tonel de Captain Candy Shop lleno de chucherías. Sonriza sacó la cabeza del tonel y, con la boca llena, balbuceó:

Nunca pensé que tendrías éxito en esto, y menos que tendría semejante fuente de chucherías. ¡Punto para Jafar! Sonriza 897436373 Jafar 1. Vas progresando.-dijo, y volvió a meter la cabeza en el barril.

Venga, Sonriza, tenemos que trabajar.– dijo Jafar mientras le sacaba dulcemente la cabeza del tonel. Una lombriz de gominola estaba sobre una oreja de Sonriza, y le salían un par de ositos Haribo por los agujeros de la nariz. Se los sacó, los sopló y se los comió.

Vamos a localizar el camerino de los piratas.– dijo Jafar. –Salen justo antes que nosotros, así que deberá estar vacío un ratito. Si encontramos pronto el calcetín, podemos escapar si actuar. Tengo dudas de que tú puedas estar a mi altura melómana.

Sonriza, con hiperglucemia galopante, le contestó un poquitín mosqueada:

¿Que yo no esté a la altura? Que sepas que tengo 2 semanas de clases de conservatorio de guitarra, y que he sido aclamada en los mejores escenarios. Ahora bien, tu voz… está a la altura de tus bailes, es decir, en el Mar Muerto. Así que mejor que no salgamos, pero por ti.– y echó a andar por el pasillo de camerinos.

Se cruzaron con una banda de piratas que iba hacia el escenario: era la próxima actuación. Sonriza y Jafar se calaron a fondo la peineta y la montera, respectivamente, para ocultar más su identidad (a Sonriza le salieron los pinchos por el cogote y parecía un puercoespín), y se fijaron de qué camerino estaban saliendo. Justo el 7B.

Cuando se despejó el pasillo, Sonriza se sacó del liguero un juego de ganzúas, ante la mirada perdida de Jafar, y se agachó sensualmente a abrir la cerradura. A Jafar le dio un bajón de tensión.

Entraron al camerino, repleto de garfios, patas de palo, parches de ojo y camisetas de rayas. Incluso había cuatro loros fumando y echando una timba de póker. Se quedaron mirando unos segundos y continuaron a lo suyo.

Revisaron toda la ropa interior que encontraron, no sin ciertas caras de repulsión por parte de Sonriza, pero no encontraron ningún calcetín de Homer Simpson, y eso que los revisaron todos, hasta los agujereados.

Aquí no hay nada, y tenemos que salir a escena.- dijo Sonriza. -Corramos hacia el escenario, y luego veremos qué hacemos.– Cogió a Jafar de la mano y corrieron por los pasillos. Agarro una guitarra eléctrica que había colgando de un clavo y se asomaron al escenario, entre bambalinas.

Los piratas, barbudos y tremendos, estaban en su último baile, y Soniza y Jafar los miraban, cuando Jafar exclamó:

Sonriza, mira. A la derecha. No, a la otra derecha. El pirata con pata de palo y calcetín en la pata de palo. ¡Es el que buscamos!

El pirata bailaba con la pata de palo y el calcetín puestos. Quizá no quería abandonar el calcetín sin vigilancia, o quizá no se fiaba de los loros, pero todo su plan se había ido al traste. ¿Qué iban a hacer?

Entonces Jafar agarró por la mano a Sonriza, tiró de ella hacia el escenario donde bailaban los piratas, berreando «Él vino en un barco de nombre extranjero…» como si formara parte del número de los piratas.

(Continuará)