Hoy he vuelto a pasear por Madrid.
Quizá ha sido un bravata adolescente, quizá ha sido dolor y rabia, pero me he desabrochado la camisa, y le he pedido a la ciudad que me diera con todas sus fuerzas en el centro del corazón.
Lo ha hecho. Me ha derribado como a un pelele sin alma. Aun así, me he levantado con una pretendida dignidad inexistente, le he gritado «floja y cobarde», y la he desafiado intimándole si eso era todo lo que sabía hacer. Me ha vuelto a derribar,
Me ha vuelto a derribar y sigo paseando, transido por el dolor, recorriendo sus calles, aquellas en las que sé, con toal certeza, que no te encontraré, que no me daré de bruces contigo.
El destino tiene la crueldad infinita de colarse por los menores descuidos, por las ocultas grietas de la noche.
El dolor ha sido tan terrible que me ha traido a la memoria recuerdos de días difíciles, duros, de mi vida. De esos que no puedo nombrar, en los que no queda nada sino batirse, apretar los dientes muerto de miedo y dolor y tristeza y seguir parando el mundo con el pecho, como descomunal ariete, enarbolando el pendón y la espada, sabiendo que lo único que puedes hacer el salir el primero a la batalla, porque si no lo haces, tras de ti mucha gente se vendría abajo sin el valor o la locura necesarios, como aquella escena del Señor de los Anillos cuando cayó Gandalf, todos abrumados y derrotados por el dolor, con Boromir suplicando humanidad, clemencia, mientras Aragorn aprestaba a la huida para salvar la vida: hay momentos de luchar y momentos para llorar, y a veces la vida no nos permite pararnos a elegir, a escuchar al corazón desfallecido. Nos exige levantarnos y continuar, luchar. Ya habrá tiempo para llorar. Como ahora mismo. Tengo que reprimir las lágrimas.
Nunca Madrid había golpeado tan, tan fuerte. Y lo hace una y otra vez. Y resueno, retumbo como una campana, destemplada por una bala de fusil en el bronce de una lejana guerra civil. Pero sonando, al fin y al cabo.
Hoy volveremos al refugio, a acogernos a sangrado en libertad. A llegar a mañana, que volverá a ser duro.
Pero ayer era hoy, y hoy es hoy, y mañana será hoy. Todos ellos fueron, en un pasado, otro día.