Al final los días son un rosario de sinsabores, de problemas que me tocan por cuestión del cargo, y que trato de gestionar con dignidad y eficiencia funcionarial, siguiendo el manual para estas situaciones. Pero no llego. Se me ha acabado la gasolina y planeo sin motor. No me interesa ni siquiera echar gasolina, a ver si me estrello y acaba ya este sufrimiento. Eso sí, no se va el nudo de nervios en el estómago, la sensación de decir: ¿Qué coño hago aquí?
En las largas sesiones de carretera mi cabeza no deja de vueltas, de revisar unos temas y otros, unos errores y otros, unos aciertos y otros. Hoy hay sol, así que mis pensamientos no han sido muy halagüeños. La lluvia me permite refugiarme en los recuerdos, el sol simplemente saca a luz demasiados trapos sucios.
Hoy el mar estaba bonito.
Hoy el día va a acabar tarde, mal y nunca.