Ayer fue un mal día. Por un lado, la noticia de una enferemedad en ciernes, que complica todo. Y, sorprendentemente, es lo que menos me preocupa.
He asistido en primera persona a un espectáculo indescriptible. No es la primera vez en mi vida que lo veo, cuando las personas perdemos el norte y el el azar, la rabia, la sinrazón la que nos guía en esta situación, ya de por sí complicada.
No entiendo lo que quiere la gente, lo que esperan de mí, lo que quieren justificar. Esa especie de sesgo de confirmación, de huída desesperada. He peleado en muchas guerras, he visto muchos muertos.
Simplemente, que se guarde la fecha de ayer como día aciago, y la de hoy como defunción.