Un año más

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Son unos momentos asaz difíciles (me ha apetecido gastar esa palabra). Momentos en que te cuestionas absolutamente todo. Siempre ha sido bueno y necesario repasar errores, que han sido muchos y muy graves alguno de ellos. Creo tenerlos meridianamente claros, y también tengo muy claros los aciertos, mi parte de culpa y mi parte de mérito. Duele.

Duele intensamente, por la parte de los errores y por la parte de los aciertos, duele todavía más que todas esas dudas, ahora, en este amanecer, tomen ya el valor absoluto y todo, absolutamente todo, termine por encajar. Revelación, epifanía. Las últimas pruebas que, lamentablemente, estaban ahí y no quise leerlas así. Una pena las veces que uno tiene razón, sobre todo en lo funesto. Es la mayor lección aprendida. Un precio demasiado alto, pero es la lección aprendida, esa que resonaba en mis tripas, que me lanzaba las alertas.

De nuevo mis errores, de ellos uno muy grande y otros menores, y los errores internos que han dejado este terrible cadáver, pasto de los cuervos, los buitres y las zorras. Siempre la misma historia: qué pena de amor desperdiciado.

Y hoy amanece otra vez. Gano por el color del trigo. Ahora a coser la última herida, cicatriz en cicatriz. No me quites la camisa que me cubre el corazón, simplemente camina conmigo.