Después de un concierto

en
Se llamaba noche y día,
y entraba en mi vida cada día,
sin llamar a las puertas
ni cerrar ventanas.

Caminaba sobre el agua
con los ojos cerrados
y el corazón abierto.
Saltaba entre las amapolas,
con el sol a su espalda
y una música que caía
como la lluvia en Santiago

Hablaba con silencios,
gritaba con versos de Neruda,
hablaba con los gatos
y tendía en la terraza las penas,
con la esperanza de que el viento
las secara o las sacara de un soplo,
que a fin de cuentas es lo mismo.

Pisaba Madrid y crecían las flores
en las aceras de la Gran Vía
que reía y reía y reía
con el suave roce de sus párpados,
besando mariposas, latiendo a solas.
Bailaba tregua y catala en el París de Cortázar,
en la Venecia de mi alma,
en el río aquel tan dulce
donde un día, donde una noche
me dijo: te quiero.

Se me olvidó el poema que le debía,
dos o tres palabras desordenadas
que rompieron mi cabeza contra el espejo.
Así que construyo este laberinto
de verbos, adjetivos y errores,
siempre para decirle sin palabras,
que yo también la quiero.
La más bella de Madrid, Andrés Suárez.