Sólo busco despojarme de este miedo que me atenaza, de esta terrible desgana que me ha arrasado por dentro. Buscaba felicidad y me perdí en aquella emboscada de la que no salí vivo. Buscaba un pecho donde hallar cobijo, un regazo donde dormir.
Y por aquí estoy, triste y cuitado, como un fantasma que ahora ya, definitivamente, ha perdido el rumbo. Quizá lo mejor es beber y olvidar. Olvidar, siempre olvidar, a ver si por fin deja de doler.