A contrapelo

en

Hoy estoy mal. Hoy, no sé por qué, la vida, la situación, lo que quiera que sea que existe en este mundo, llámese destino o mundo o karma o lo que sea, , me ha lanzado tres cargas de profundidad que a última hora de esta tarde han ido estallando de manera consecutiva, demoledora.

Así que básicamente me he venido abajo. En silencio, hablando conmigo mismo, un poco arrastrado por ese vendaval de dolor y de decepción y de desesperación. No es nada que no me hubiera pasado antes. Tampoco es que ahora mismo considere que necesito ayuda. Pero si necesito un poco de refugio. para econstruirme, para cerrar las heridas, para encontrar trar fuerzas en el fondo de los cajones y volver a levantarme.

Mañana será otro día. Creo que tengo suerte porque, de una manera u otra, sentarte tras un parapeto de un metro de hormigón, algo que detenga las balas del calibre 50. Aunque hay veces que no, que la vida no te lo permite ese descanso, ese refugio, ese reposo. Esa autoreparación, y en este caso, sólo te queda hundirte o seguir peleando. Quiero creer, y me digo a mí mismo que soy capaz de seguir peleando bajo cualquier situación. No en las mejores condiciones, no con la mente más clara ni tomando las decisiones óptimas pero, por lo menos, manteniéndome vivo y parando de alguna manera los golpes, devolviendo algún que otro lance alguna, alguna que otra estocada en cualquier quiebro del destino.

Así que perdonad si hoy no contesta las llamadas. Ni de teléfono ni las que golpean con los nudillos o con la aldaba mi puerta. Perdonen si no me levanto. Perdón por la tristeza. Tenemos que limpiar un poco de esa tristeza que se nos ha quedado en la planta baja, en los armarios, en los bolsillos, en el alma, después de las terribles inundaciones.

Saludos.

Cowboys de la A3, Arde Bogotá

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.