Entonces llega el dolor,
como Atila y sus hunos.
Arrasa los recuerdos,
la esperanza
y hasta la ternura.
Te deja otra vez en los huesos,
con el alma asaetada,
y la rabia en las manos,
impotentes,
crispadas.
Otra vez el dolor,
que nos buscaba las vueltas
una y otra vez.
Respiras.
Sabes que es un espejismo.
Sabes que no duele si no quieres.
Sabes que todo es mentira.
Y entonces sacas fuerzas
otra vez,
no sabes de dónde,
para seguir un día más.
Mañana
será
otro
día.