A merced de la canícula

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Empieza a remitir esta ola de trabajo que me batió en el pasado, justo cuando arrecia la otra ola, la de calor. Y dejo que el mundo siga rodando. No me molesto en pelearlo.

Me están volviendo las ganas de conciertos, aunque con condiciones. Sigo dándoles vueltas a mis sueños de paz interior; me cansa ser quijote entre tanto «villano y cobarde, ruin y menguado».

Hoy saldré a correr, pese al calor. Lo peor de todo esto es que antes correr servía para alejar mis demonios o para pensar en ti; ahora, que los demonios toman café conmigo en este puente tan largo, y que tú, ni estuviste ni estás ni se te espera, correr ha perdido un poco el sentido.

Sí, puedes alejarte de aquello que corre tras de ti, pero no de que corre dentro de ti.

Las fotos son viejas, de invierno de 2014, pero correr por aquí me relaja. Son de una vuelta real, de 20km, que hice corriendo alrededor de mi pueblo, sólo para poder hacer estas fotos.