Ni una gota de agua sobre la superficie de Arrakis

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Otro día más, otra muesca en el revólver. El sabor agridulce, inefable, que no encuentras por más y más que rebuscas en el fondo del bolso de la memoria: algo no está en su sitio, esto no es normal.

Y es entonces cuando esa bola tumefacta se hincha un poco más, y todo lo que queda por hablar, por decir, por gritar o por llorar, quiere salir y no puede. No hay manera de vomitar esta bilis de palabras, ese comezón que te haría casi escribir una enciclopedia de las cosas que no hay que hacer, corregida y aumentada. Necesitas hablar. Necesitas… algo que no tiene explicación, porque si la tuviera sería algo y tendría solución. Pero me faltan las palabras, quizá sea porque están todas por decir, porque las he guardado tanto tiempo que me he quedado sin palabras, que no sin habla, y de mi boca sólo salen los delirios de unas fiebres tercianas que ya van por su sexto capítulo.

Pólvora mojada, Luis Fercán

Así que este blog, estas palabras sin sentido ni orden ni concierto, son sólo aquellas que se han desprendido del marchito corazón y han salido por los poros de la piel que limita un cuerpo abotargado por el dolor. Son palabras sueltas, retazos, una suerte de centón apócrifo, prestado de un cerebro y una voz y un corazón y un alma que, quizá en otro tiempo, en otro lugar, en otro cuerpo abrazado al mío, hablaba con delicada prosa, con sentida poesía. De alguien que ahora ya no existe.

Y me fuerzo a escribir. A dar vueltas a una noria que ya no saca agua ni vocablos, pero se mantiene en marcha para que algo tenga sentido, algo que no sé qué es, que no puedo nombrar, porque se me acabaron las palabras.

Aunque yo sólo quiera hablar, y sacar de dentro de mí todo lo que se esconde en este pozo lóbrego, oscuro, hediondo, antes de que los orcos me tomen al asalto y deje, por fin, de existir. Yo, mi memoria, mis escritos, mi pluma, mi libreta negra, mis poemas. Todo perdido bajo el fuego de un invasor que encontró las puertas de mi castillo abiertas y el puente levadizo bajado.

Guerra y Paz, Mabu y Merino

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