Por eso escribo

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Hay días que merecen ser olvidados, hay semanas, meses, años que dejan a su paso el material de derribo de lo que antes era un hombre. Como esa nave espacial decrépita, hecha pedazos, que anhela las estrellas mientras se desintegra por el camino, mientras piojos y pulgas devoran a la tripulación cual galeón del «heroico» pasado.

Así que he vuelto una vez, disfrazad de pingüino, a los refugios improvistos entre los inmigrantes y el odio cerval, atávico, inexplicable. Silencio, noche y carretera mientras la cabeza repasa tantas y tantas cosas.

Todo ha salido mal y, sin embargo e inexplicablemente, todo va bien.

Por eso escribo, porque necesito decirle a alguien todo lo que pasa, todo lo que me pasa, y mi soliloquio es plática con este buen amigo, mientras busco inútilmente los refugios de un pasado que el tiempo se llevó por delante para plagar mi vida de starbucks y McDonals, mientras el Vesubio llenó de ceniza las últimas moradas que construimos, y ahora es todo gris, insípido e irritante.

Por eso escribo, porque no sé cantar ni escribir poemas como Machado o Alberti o Diego Ojeda. Porque en tiempos como éstos estoy cansado, rabioso, decepcionado, confundido. Porque necesito gritar las preguntas que no tienen respuesta, porque tengo que desahogarme dando palabrazos a una pared ahíta de graffitis obscenos.

Escribo porque reivindico el uno mismo. No han dejado de pasar cosas, no he dejado de ver señales, toda la noche se oyeron pasar pájaros.

Alien Divino, Germán Coppini

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