Ese chico triste y solitario

en
De haberlo sabido, Quique González

Le robo la frase a Antonio Vega. He visto todos los números capicúas del despertador. No ha habido sueño reparador, ni pesadillas ni nada que haya valido la pena.

Me miro al espejo. Peino los balazos en el pecho. Me preparo para enfrentarme a este mundo hirsuto, una semana de días de 24 horas que pesan como el destino.

Cansado. Infinitamente cansado, tratando de reconstruirme, buscando razones entre las ruinas. Diciendo a todo el mundo que estoy bien, y ahí les miento.

Esta noche he escrito en mi cabeza todo un blog, todo un río de sangre que mana de heridas invisibles. He buscado en mi cabeza y en mi corazón mil razones, y sólo encuentro una.

Una que no significa nada cuando nadie cree en ti.