Y un poco de lado

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Sigue el marasmo, sigue la lenta agonía, cada día con el indicador de esperanza más y más abajo, resignado a veces a que todo esté perdido. A que, sin mis viales de esperanza, tú y yo valemos más bien poco como equipo. Quizá porque yo ya no valga nada ni tengo ganas de valer. Sólo me quedan ganas de dormir y de que nada duela. Ya no sueño despierto contigo.

A ver si un día de estos consigo tener ganas de abrazarte.

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