No niego que dependo de tu boca, del delirio que provoca su sabor a desconsuelo. No escondo que me estallan bajo el pecho pesadillas que me han hecho llorar lágrimas de hielo. Y así me sorprende a contramano este agosto sin verano, esta noche tan mezquina. Hoy que todos mis versos tan sólo hablan de ti.
No escuches mis aullidos si me quejo. No me sirven los consejos, los derramo por el suelo. No quieras rescatarme del presente, no pretendo ser valiente, déjame llorar el duelo. En fin, aquí estoy ciego de pena, con tu amor en cuarentena, malcomiendo entre bebidas. Hoy que todos mis versos tan sólo hablan de ti.