Es lo que tienen los días grises. Los días en los que la mierda que te llega no cabe en la acequia y desborda. Que te cansas de pelear por todos, mientras nadie te da aliento. Así que hay pocas cosas que hacer: seguir colmando el vaso ya rebosante, mandarlo todo a freír espárragos o entrar a sangre y fuego, dando a cada uno lo que se merece, siendo consciente de que nada sale gratis en esta vida y de que, si cada uno recibiéramos lo que merecemos, no nos libraríamos de un buen revolcón.
En lugar de pintalabios usaba quebrador de sueños, y pese a todo no concilio el sueño, no tengo fuerzas ni para soñar. Al menos en Vietnam sabíamos quién era el enemigo.
