Un ratito nada más

en

Hola a todos. Lejos de casa, entre ordenadores, trabajando al 50%, encuentro un rato para escribir. La verdad, tengo este blog bastante abandonado. Es más, tengo a cierta gente bastante abandonada.

No llego ya a nada. Estoy en un pico de trabajo profesional que me ahoga. Llego a las 9 a casa, ceno, me voy a la cama y al día siguiente me levanto. Todo aquello que no me apunto en la agenda se me olvida, todo aquello que no me apunto en Wunderlist no se hace. Que esté apuntado en la agenda o en mi lista de tareas no es garantía de nada. Me acuesto en la cama y, mirando al techo, voy diciendo mierda a medida que me voy acordando de lo que no he hecho o de lo que tengo que hacer. Sueño en inglés, me paso muchas noches en Finlandia hablando en inglés en sueños.

Cuando tengo algún rato libre, no quiero hacer nada. Sólo quiero huir, dormir, no pensar. He dejado de leer, he dejado de navegar por internet, de ver porno (ja ja), de «programar» la Wii… Ya no hago nada.

Y mientras, el país se hunde a mi alrededor. En realidad se nos está hundiendo a todos, y parece que no nos importa. Estamos perdiendo, por culpa de los políticos, todo lo que se ha ganado durante los últimos 50 años. La gente está harta, cansada, agotada, pero no hacemos nada. Nadie hacemos nada. Eso sí, cuando el Madrid ganó la liga la gente se movilizó. Pero no cuando nos desmontan la sanidad, la educación, las infraestructuras, los impuestos, todo, absolutamente todo. Y los hijos de puta que nos han llevado hasta aquí ostentando cargos públicos y prebendas. Y los otros hijos de puta que acaban de entrar recortando y mintiendo sin parar, con la esperanza de que una mentira repetida hasta la saciedad acaba por ser verdad en la memoria colectiva. Pero ellos no se recortan, ellos siguen robando, malversando, despilfarrando, mientras todo cae sobre la piel del tambor, la fiel, abnegada y sacrificada infantería.

Y, pese a todo, hay gente que todas las mañanas se levanta y sigue haciendo lo que debe. Sin esperanza, sin fe, pero haciendo lo que debe porque es su obligación o su costumbre o su pundonor. Los admiro. Los admiro tanto como odio a aquellos necios, indolentes, patanes que se dejaron llevar por las trompetas de la demagogia y no pensaron a dónde nos llevaba todo esto, mientras ellos andaban calientes. A aquellos que se compraron pisos, coches, teles 3d y vacaciones a crédito mientras la burbuja subía y ahora se quejan y esperan a un alien divino, un demiurgo, un dios o un familiar que les saque las castañas del fuego. Malditos necios, que ahora lastran al país. Cada vez quedamos menos con las ideal claras, un bidón de gasolina y una caja de cerillas.

Os debo una, vosotros ya sabéis quiénes sois.

Iglesia de Bureta (Zaragoza)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.