Hola, amiguitos.
Por fin, ahora tengo un rato robado a mis obligaciones para saludar a este nuevo año. Un año que viene cargado, cargadísimo de trabajo y al que no le sé dar salida. Cal y arena, porque poco a poco me acerco más al centro de masas que pretendo; quizá si no lo logro es porque tengo otro planeta oscuro, mi otro yo gravitando lejos de mi centro de masas y se sabe lo de Newton y su dichosa gravedad.
En lo personal abulia, más que calma chicha. Quizá renunciar a tanto hace que al final lo tire por la borda y me dedique a sobrevivir.
Pero este año quiero que sea distinto, necesito meterme las palas del desfibrilador hasta los ijares y darme un par de descargas; sentir la nieve en mi rostro hasta la desesperación. Este año debo dar una campanada gorda, voy a ello.
Y por lo demás, nada más. Economía de guerra (Pili ha dejado de trabajar), más esfuerzo en sacar pasta y a esperar que escampe, que pase la tormenta, para ver cómo ha quedado todo esto tras la tempestad. Se acercan cambios vitales muy importantes.
Un saludo, viejos.