¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar? Todo sigue igual de mal, igual de peor. Cada vez son más las preguntas, más duras y peligrosas. Los recuerdos ya no me atormentan, necesitaba un vals para olvidarte, me pregunto cómo llegué a perderme tanto en tan poco tiempo; cómo me equivoqué. Realmente ella no…
Nessun dorma
Arrecia la granizada en mi interior, con las pulgas de mi corazón alborotadas y en pie de guerra. En todos los apectos. Muchas ganas de sentarme en mi rincón y esperar a ver qué pasa. Acechado en todos los frentes, quizá me enfrento a enemigos difíciles de sortear, batallas imposibles de ganar y decisiones dolorosas…
Tiempo muerto
Ya estoy volviendo a mi estado estacionario: marrones y preocupaciones por doquier. Tantos, que dentro de poco empezaré a soltar lastre y a olvidar, a ocuparme un poquito de mí mismo, a ver qué puedo salvar de este naufragio. Esta mañana he venido oyendo las noticias, oyendo a los políticos presumir de sus votos, de…
Saturday morning
Se acaban las vacaciones. El vino del Gargallo (líquido de frenos para tanques en estado puro) y Suzanne Vega (Caspar Hausers’ Song) han disparado cien mil recuerdos, cien mil deseos de volver a huír, quizá ya por última vez. Dos cartuchos en el bolsillo de la chaqueta y la hostia de zombies acechando. En fin,…
El principio del fin
Se acaba mi trabajo, que no mis preocupaciones y mi incertidumbre. Acabará esta jornada, y quedará tanto por hacer que aún tendré que escaparme un par de días a adelantar faena para que no me pille el toro a volver. Hoy, si puedo, veré a una vieja amiga, dejaré a una nueva colgada (lo siento)…
Miedo
Hacía mucho tiempo que no lo sentía. No está tan mal. Y pese a todo sigue el vacío, la desazón, la tristeza. Las mil preguntas sin respuesta y la cobardía. El ansia de sueños, de música y café y Lagavulin en un hotel de Berlín, una habitación oscura iluminada por una televisión en silencio. Mientras…
Necesito…
Si os dijera lo que necesito os ibais a acojonar
¿Tiempo de qué?
Un viernes para enmarcar, para no olvidar nunca. Un sábado largo y agridulce. Un domingo de Ramos insulso, con campanas y badajo, sin esperanza de salir a correr, mi dosis de huida habitual y redentora. Más vencido que nunca, es el comienzo de una nueva vida. Eso, o tomarme una pastilla para no soñar.
Dos kilómetros de paciencia
Con pocos nubarrones a la vista (aunque muy gordos), encaro la cuesta abajo de este curso, que es lo que marca mis días, noches y desesperanzas. Sin motivo alguno (o quizá con demasiados motivos, ya no tengo nada claro) ésta es una de las épocas más grises de mi vida. Sin motivos personales para seguir…