A veces necesitas un lugar, un momento y un hombro para llorar.
Las malas rachas siempre son largas
Revisando correos de septiembre, e intentando achicar agua, a ver si consigo acabar algo de una vez por todas. Sin ganas ya, y acabamos de empezar. Lleno de dudas y necesitando soltar lastre, lastre improductivo, centrarme en mi carrera y llegar a ese punto elegido, deseado, añorado, que simplemente da seguridad, que no felicidad. Pero…
Soy del color de tu porvenir
me dijo el hombre del traje gris. No eres mi tipo, le contesté, y aquella noche aprendí a correr. Al pisar la estación, abrí la jaula a mi corazón.
Por fin se acaba
Mañana vuelvo a la rutina, cenagosa, al tráfago inefable que me agota a diario y que, sin embargo, añoro como quien añora el olor a napalm por las mañanas en las selvas de Vietnam. Ahora sigo añorando, sigo desando, sigo esperando. Sigue la decepción, sobre todo conmigo mismo, por no perseguir mis sueños hasta morir…
Abrazado a la tristeza
La vida se me escapa a raudales por las tres heridas en el costado.
Pues sí que estamos bien
Sigo igual, o peor. O quizá mejor. Sigo añorando huir de las preocupaciones y cumplir algunos sueños, aunque luego me decepcionarían, como todos. Quizá los sueños sólo sirven para eso: para hacernos andar en pos de una ilusión, y lo que importa es el camino. ¡Pero me queda tanto por hacer, y tanto peso en…
Londres, time ago…
De la firme mano de Joan Vila