Días horribles

Días horribles que convierten las tardes en torturas en las que reniego de todo. Incluso de mí, incluso de ti.

Demasiado para Rafa

Estos días siempre son peores de lo esperado, y nada se acaba definitivamente. Sigo aquí, con 2 kilómetros de decepción, confirmando los peores presagios, renunciando ya a las últimas brasas de esperanza que quedaban. Sigo tirando de manual, sigo tirando de corazón, pero las fuerzas ya están fallando estrepitosamente.

Un señal

Tan sólo necesito una señal para saber por dónde debo ir, qué debo hacer, qué y a quién elegir, a dónde huir o no huir.

Mil encrucijadas

Parece mentira, pero a estas alturas de mi vida tengo más dudas que certezas, cuando la línea de sombra quedó allá atrás tiempo ha. Y casi todas mis dudas son personales y sociales: dudas vitales, casi existenciales. El deseo irrefragable de cambiar mi vida de cabo a rabo. A veces de perderme, desaparecer y buscar…

Que el viento nos borre las lágrimas

No me entiendo. No hay manera de entender por qué estoy así, serán cosas de la edad, será una adolescencia mal curada que ahora remite, como las fiebres tercianas. No hay manera de entenderlo, ni de explicarlo, aunque sé perfectamente qué me pasa: necesito a alguien a quien yo le permita coser mis heridas, reconstruir…

Más deseos aún de huir

Tras el largo fin de semana, algo desanimado porque yo no soy de fiestas ortodoxas, sino de fiestas contigo, no sabía qué poner. Me importa un pito que el rey haya abdicado y además me he enterado tarde. Y entonces, de casualidad, me encuentro con unas fotos que mi buen amigo y mejor persona Joan…

Santiago de Compostela

Campus stellae, campo de estrellas. Hoy, que estoy un poco más borracho que de costumbre, un poco más melancólico de lo aconsejable, me ha dado por recordar. Aparte de recordar a mujeres con ojos color de mar embravecido a las que nunca les escribiré en la espalda «fui yo», me he acordado de mi único…

Un viejo amigo

Hoy le entrada iba sobre otras cosas, pero los días cambian así, de repente. Y, cuando volvía de mi habitual reunión, me esperaba un viejo amigo sonriendo en la escalera. Hace muchos años empezamos los dos en la universidad. Soñadores, rebeldes, contestatarios. Nos dieron palos y no perdíamos la esperanza de comernos el mundo. Él…