Necesito…

Si os digo lo que necesito vais a alucinar de todos los tamaños y colores. Así que no os lo digo. Os lo diré en la intimidad de un hotel en Berlín. Por ejemplo. La ciudad es negociable, siempre que sea gris.

Perderse para siempre

A veces necesitas un lugar, un momento y un hombro para llorar.

Por fin se acaba

Mañana vuelvo a la rutina, cenagosa, al tráfago inefable que me agota a diario y que, sin embargo, añoro como quien añora el olor a napalm por las mañanas en las selvas de Vietnam. Ahora sigo añorando, sigo desando, sigo esperando. Sigue la decepción, sobre todo conmigo mismo, por no perseguir mis sueños hasta morir…

Abrazado a la tristeza

La vida se me escapa a raudales por las tres heridas en el costado.

Asomado al Rubicón

Y habrá que empezar el juego, en griego; o en latín encomendarse a la pérfida, voluble Fortuna. Te necesito.

Miedo

Hacía mucho tiempo que no lo sentía. No está tan mal. Y pese a todo sigue el vacío, la desazón, la tristeza. Las mil preguntas sin respuesta y la cobardía. El ansia de sueños, de música y café y Lagavulin en un hotel de Berlín, una habitación oscura iluminada por una televisión en silencio. Mientras…

Necesito…

Si os dijera lo que necesito os ibais a acojonar

Me ha faltado un café

Decía  Bilbo Bolsón que es muy peligroso cruzar la puerta; en la puerta nace un camino que no sabes dónde te llevará. Así que cada vez que sales por la puerta la vida puede salir a tu encuentro. O como cuenta Cortázar, en el inicio de sus cronopios y sus famas. Pero la mochila pesa,…