Con tantos años dando vueltas, dándome hostias por la vida, uno no puede dejar de confeccionar en las circunvoluciones cerebrales una suerte de manual de funcionamiento para gestionar muchas situaciones. Experiencia, se dice a veces.
La cuestión es que todas las personas medianamente racionales sienten en la boca del estómago, en la punta de los dedos o en el fondo del corazón, algo que les dice lo que es correcto, lo que está bien. Lo que hay que hacer. Que, seguramente, no es lo que nos apetece o lo más agradable pero, a la larga, suele lo más rentable en todos los sentidos y lo más justo.
Es más; cada vez que conculcas esas reglas, esos principios que garantizan la supervivencia, suele pasar factura, verse todo abajo, sueles arrepentirte de no haber hecho lo correcto. Por eso, cada vez más, sigo haciendo lo que creo que está bien. Al final es lo que mejor funciona.

Pensando en saltarme una regla, la que me aleja de ti