Ayer te vi,
o creí verte
en todas las mujeres que me rodeaban.
Cómo no llenarte entonces de besos.
Cómo no
echarse sobre ti y abrazarte.
Cómo no verte respirar
y dormir y leer
y reír y soñar.
Cómo no amarte.
Pero puede que
en realidad no te viera.
No fueras tú.
Simplemente quise ver con el corazón,
quise querer quererte,
querer amarte,
querer dormirte,
dormirme, despertarme.
Creo que me equivoqué.
No, es cierto:
no te vi.
No eras tú,
debió ser un espejismo
de esperanza o de dolor.