A largo plazo

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No lo sabes, Fredi Leis

Son unos días aciagos, terribles. Indescriptibles. Recluido en los cuarteles de invierno, desmovilizado el corazón, la esperanza y el cuerpo del ejército.

No sé cuándo empezó todo esto. No sé cuánto dolor va a mi cuenta bancaria y cuánto a financiación externa. No sé nada, no sé cuánta culpa tengo de todo, cuánto he hecho mal. Ya no soy capaz de distinguir qué es verdad y qué es falso, no sé si tengo razón, si no la tengo… Y no sé el por qué. Por qué ahora. Por qué así. No entiendo nada.

Yo sólo era un hombre. Sencillo, falaz, débil. Un hombre con una historia que ocultar, un hombre cansado de luchar en una guerra lejana, un hombre con ganas de paz entre tus brazos. Nunca ha habido nada más.

Sigo sin entender absolutamente nada. Mi análisis racional grita a los cuatro vientos, y sigue sin encontrar respuesta: ¿por qué? Así que volvemos al peor escenario: decisiones in información, tomadas con las tripas, con los rastros del vuelo de las aves en el cielo, con las certezas que escriben en el alma las cicatrices. Otra vez sin respuestas, otra vez sin saber distinguir la verdad de la mentira, lo real de lo inventado, la nada del todo.

¿Por qué? ¿Por qué ahora, por qué así? ¿Qué delito cometí para esta condena? ¿Tan mal lo hice, tan malo fui?

¿Por qué no rompe a llorar el mundo?

¿Por qué no llueve?

¿Por qué voy tan perdido?

¿Por qué no apareces y me salvas?

¿Por qué no existe ya Madrid?

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