Este blog siempre fue un vertedero, a modo de tabla de salvación. Un rincón donde lavar unos trapos sucios inconfesables, donde restañar heridas profundas y supurantes, donde conjurar monstruos y preparar bebedizos de amor. Un lugar donde vaciar la sentina del alma y poder contemplar el amanecer sin los ojos inyectados en sangre.
Y muy, muy lejos de donde partí, con nuevas historias escritas y borrones en la biografía de la derrota, vuelvo a casa.
Esto siempre debió ser casa, pero cerré su puerta y comencé a guardarme el veneno, el miedo, el odio; se infiltró en mi sangre, embotó mis sentidos y mi espada,, fue el comienzo de muchos, demasiados errores.
Éste es un espacio personal, íntimo, literario. Todo lo que hay aquí relatado es prefigurado, catárquico, lenitivo, casi sanador. Y a veces no fui lo suficientemente fuerte para evitar que lo usaran para hacerme daño, que yo mismo me lo hiciera. Nunca más: tanto camino, tantos amaneceres y tantos balazos me demuestran que, aunque no tenga la razón, tampoco estoy equivocado.
Así que he vuelto. Sigo perdido. Sigo herido. Sigo roto. Sigo bebiendo la belleza de las canciones y de las historias. Puedo ver mi espalda en el agujero del corazón. Pero sigo en pie. Sigo caminando. Sigo parando el mundo desconocido para que no me aplaste, sigo arrastrando vagones cargados de culpa, de pena, de heridas, de sangre, de plomo, de poemas, de razones, de sinrazones. Sigo perdido, totalmente perdido y muerto, pero sigo.
Esta es mi casa. Nunca más.
Tan triste, que ni me salen las palabras de este alma emponzoñada.
¡Dale, tú dale…!👌