Pensamientos

Almacenado en sin puta categoría el 18 de Febrero de 2005 por mada

Todos los días bajo a y subo de Valencia. Es una hora de coche en cada trayecto, y da mucho tiempo para pensar. Demasiado.
Una hora encerrado entre esas endebles estructuras de metal, plástico y vidrio, en una carretera sabida, acostumbrada y resabiada, donde hay, por desgracia, poco más que hacer.

Se me ocurren cien mil cosas, aunque luego llego aquí, y el trabajo y el olvido hacen que estos apuntes en la bitácora vuelvan a estar vacíos.
No me gusta escribir sobre mí, pero es imposible a veces escribir sobre uno mismo, ya que se es el tamiz por el que nos llegan todos los datos del mundo, que luego son procesados de acuerdo con nuestra propia experiencia. Somos, cada uno de nosotros, un elemento demasiado activo en este juego.
Tengo por ahí un par de amigos que han metido sus bitácoras en sendas botellas y las han lanzado al proceloso ponto, lo más lejos posible de sí. Bravo por ellos.
Los leo y tengo mucha envidia. No sé si sana o no, porque no sé si la envidia es sana. Pero escriben rematadamente bien, y la principal fuente de envidia es que me recuerdan a mí cuando tenía su edad. Lo que duele.
Ahora, 8 años después, noto que mis necesidades vitales han cambiado mucho. Que ahora estoy más romo, más pulido, más desbastado y devastado por los golpes de la vida fiera; nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Demasiado peso en la mochila.
En fin. Brindo por ellos.