48

Ahora sí. El día, que prometía ser normal, sigue la tónica general de mis días. Yo no tengo remedio, y no sé dónde voy a llegar. Sin esperanza. Será que nadie está contento con lo que tiene, como decía el principito.

Quizá el año que viene algo vaya mejor. Y eso que cualquiera envidiaría lo que tengo y lo que soy, pero a mí me ahoga lo que no tengo y lo que no soy.

47,99

Cansado, Tan cansado que no tengo motivos para ti. Tdo pierde sentido cuando tu único objetivo es llegar a mañana. Y, aún así, pese a estar desfondado, desmotivado y con todos los sensores descalibrados, aún sigo dando el callo, dando la cara, moviendo la mano muerta para torcer el futuro. No sé si hay dos tickets, ahora mismo no, pero pronto volverá a salir el sol, pronto volveré a buscar la sombra de tu pelo, la curva de tus tetas, la música de tu risa.

Toda una leyenda, y aún no habéis vista nada de nada.

Pasando pantallas

Siendo niño asistí a la llegada de la primera (al menos eso creo) máquina de marcianitos a segorbe, que llegó al bar Valencia, era el Space Invaders y la partida costaba 25 ptas.

desde ese momento, entre mi generación apareció el concepto, entre otros, de pasarse la pantalla, de pasar de nivel. Ahí se me ha quedado, en mi inconsciencia colectiva 😉

En estos momentos tengo muchas veces la sensación de ir pasando pantallas, de ir quemando etapas. Es más: incluso a veces mi objetivo es llegar a la siguiente pantalla, aunque no me queden vidas. Sobrevivir. El objetivo es llegar vivo al siguiente día, al siguiente amanecer.

Sigue el vacío, siguen las frases resonando dentro mi vacua caja craneal, sigo añorando sueños y maldiciendo mis errores, mis decisiones. Sigo inmerso en esta terrible guerra que dura 20 años, cuando di mi último golpe de timón, cuando crucé por última vez la línea de sombra. Ahora, entre sirenas, bombardeos y el crepitar de las balas, sigo deseando sobrevivir a toda costa. Quizá no todos los días tenga la mirada de los mil metros, pero sin duda tengo la mente de los mil metros, el corazón de los mil metros.

Leer duele

Además, al leer, uno se da cuenta de que no es especial, de que a alguien le ha ocurrido, en mayor medida (siempre en mayor) lo que a ti. Que no hay nada nuevo bajo el sol. Que cuanto más convencidos, más equivocados están. Sólo dudan los que pueden llegar, los que no lo hacen son fanáticos, tanto o más peligrosos que los del ISIS.

De ti depende

Deseando perderme en el anonimato, volver a creer en tus caderas y en tus mañanas de desayunos en la cama. Dejar de abominar el ser humano, que a cada encuentro refuerza mis tesis de que hay muchos hijos de puta disfrazados de piel de cordero, chaqueta o escaño.

Un poco de perderme contigo y examinarme, a ver hasta dónde alcanzan los daños, ver si puedo volver a ser que era.

Esto era un poema

Esto era un poema
pero el día gris y el ser humano
han destrozado los propósitos.

Así que esto no es un poema.
No lo es
porque los poemas
o son poemas de amor
o no son nada.

Me encantan los días grises.
Voy a encerrarme en el despacho,
apagar la luz,
ordenar las ideas.

Odio al hombre como especie.
Odio su egoísmo,
su levedad,
su odio,
su ceguera,
ya que ciegos de ambición,
estropean el mundo
con sus palabras mendaces,
con sus traiciones públicas.

Me gustaría poder decir
que te echo de menos.
Pero no sé mentir bien,
y este no-poema
no puede hablar de ti.

Quizás…

Principio de conservación del odio