Baja California

Sigue la sensación de pérdida de contacto con la realidad. Yo, que tanto he sido y tanto he visto, sólo ansío paz. En esta trinchera, en este escalón inferior de la pirámide de Maslow, en el que sobrevivir es el objetivo, en el que queda poco sitio para los sentimientos o el placer. Lo que quiero es descansar esta cabeza que nunca para de dar vueltas. Y ahora, en e infierno, las vueltas no son de mi agrado.

Antes de emprender esta aventura tenía esperanza de que algo pudiera cambiar, aunque fuera yo. Ahora asumo esta condena desahuciada, desahuciada en el sentido de falta de esperanza. Pero es que el cuerpo no me lo pide. El cuerpo no me pide guerra, ni lanzarme al vacío. Mis excursiones son las que dicta el manual, las extravehiculares para mantener la maquinaria en marcha. Pero mi riqueza interior está en la caja fuerte, y no hay Viagra anímico que la levante, salvo pequeños chispazos, como la comida del lunes o la de hoy, y siempre a medias.

Confesión. Necesito confesión y salvación. Maceta, sol y agua, y de nuevo floreceré entre el fango. Aunque hoy no estoy poético sino preocupado y, claro, así se nota más (o menos, según se mire).

P.S.:En la película “Cadena perpetua (o Sueño de fuga)“, el personaje de Tim Robbins le dice al personaje de Morgan Freeman que en México hay un lugar llamado Zihuatanejo, donde el paraíso estaba un poco más cerca. Zihuatanejo está en Guerrero, y Baja California está en Baja California. Y ambos están en México.

Todos somos asesinos a nuestra manera. Y malos maridos o esposas, y todos estamos en una cadena perpetua, una infinita cadena perpetua, una tormenta que dura demasiado tiempo ya. Empeñarse en vivir o empeñarse en morir, todo se reduce a una simple elección.

Descentrado

Ayer fui a comer con la mejor gente que uno puede escoger para hacerlo. De nuevo perdido entre la multitud, deseando que el tiempo pase y sin disfrutar de lo que me rodea, demasiado estrés, deseando un poco de orden en este permanente fin del mundo. No sé, ayer debía haber disfrutado, pero entre que no me apetece apacentarme de viento y que lo artificial a veces me confunde, no supe distinguir si el restaurante era tan bueno como decían o seguíamos aplaudiendo al rey desnudo. Quería huir a base. Hoy me he escondido para poder trabajar un buen rato, poner un mínimo de orden para que la UV no se venga más abajo aún.

Sigo navegando en la Perla Negra. Aún no está todo dicho.

Dispuesto a todo, incluso a defraudarte

Con ganas de ti, seas quien sea la que me salves. Con ganas de todo, pero de ti.

De ganar, por una puta vez, una mano de póker en un antro oscuro con una mujer de bandera a mi lado y ni una sombra del futuro sobre mi ceño.

Con ganas de de ti, y sólo de ti.

De perder la memoria y la vergüenza contigo, de perderme por Madrid y por el tiempo. De cantar, de leer, de viajar, de dormir. De pensar que el futuro tiene color, y la realidad se acaba en el pozo de tu escote.

Con ganas de ti, cuando eres tú, cuando todo encaja.

A las interesadas aseguro
Máxima indiscreción, ninguna prisa,
Buena conversación, besos con risas,
Y noches sin futuro

¿Y dónde huir?

Un par de horas saltando entre temas: Segorbe, UV, marrones varios. En el silencio de la biblioteca, oyendo música sin denominador común, salvo el de canciones de amor para tiempos difíciles.

Buscando sentido o ilación a esta secuencia de episodios, algunos cómicos, otros trágicos, la mayoría insulsos, que conforman mi vida. Buscando algo que dé sentido a este caos, a esta mala noche en tan mala posada.

Necesito olvidar. Necesito olvidarte. Necesito rendirme y renunciar a todos mis sueños para poder llegar a fin de mes. Aunque así jamás seré feliz.

Pero si te recuerdo, te busco, me rindo a tus pies o cumplo mis sueños, me temo que tampoco seré feliz. Pobre Ítaca, recorrer tus calles ha sido la mayor de mis derrotas.

Con caracter retroactivo

Me queda hasta Fallas para sacar la cabeza del fango, aunque esto no se mueve. Sigo sin ver el horizonte desde el periscopio y, claro, así no hay quien desee dormir a tu lado. Soñar con lo que sueño no ayuda a casi nada. Sigo sin salir a correr, abandono mi francés, pierdo de vista tus caderas.

Ríndeme.

No queda sino batirnos

-No queda sino batirnos- añadió el poeta al cabo de unos instantes.
Había hablado pensativo, para sí mismo, ya con un ojo nadando en vino y el otro ahogado. Aún con la mano en su brazo, inclinado sobre la mesa, Alatriste sonrió con afectuosa tristeza.
-¿Batirnos contra quien, Don Francisco?
Tenía un gesto ausente, cual si de antemano no esperase respuesta. El otro alzó un dedo en el aire. Sus anteojos le habían resbalado de la nariz y colgaban al extremo del cordón, dos dedos por encima de la jarra.
– Contra la estupidez, la maldad, la superstición, la envidia y la ignorancia -dijo lentamente, y al hacerlo parecía mirar su reflejo en la superficie del vino-. Que es como decir contra España, y contra todo.

Y nunca oyes mis canciones

Me cansé de hacer canciones para quien no quiso oír mi voz
Me faltaron estaciones pa’ perderte entre la gente que no era yo.

Tendré que volver a soñarte despierto
para poder hacerte poesía.
Tendré que volver a poner a cero
el cuentakilómetros de mi Vespa
y seguir la estela
que dejó tu voz
en los bares de Huertas
donde nunca pude besarte,
donde nunca pude besar
a la más bella de Madrid.

Sigo esperando cartas
en este frente norte,
sigo construyendo en mis noches
los recuerdos que hicimos los dos,
cada uno por su lado.

Y tú tan de Meendi,
y yo tan de Luis Ramiro
(y de Marwan, Andrés Suárez, Los falcos, Lena Carrilero, Adriana Moragues, Leiva, Ferreiro, Izal…)
Y tú tan de reírte,
y yo tan de soñarte.

A ver si un día
bajas la guardia
y me dejas dispararte
entre los pliegues del corazón.

Principio de conservación del odio